Diagnóstico de Sueños

El diagnóstico adivinatorio de las enfer­medades ha empleado otras innumerables técnicas, siendo relativamente común en todas las épocas y civilizaciones. Por ejemplo, la oniromancia o adivinación a través de los sueños.

Sin caer en las exageraciones de los ocultistas, magos, adivinos, ni siquiera en las exage­raciones y abusos, en otro plano de ciertos psicólogos freudianos, no hay duda de que la oniromancia tiene algún fundamento; y en concreto ha sido usada desde la antigüedad para el diagnóstico de las enfermedades. Pero evidentemente, con enorme peligro de subjetivismo y error, y confundiendo lo que es eventual, con lo que se da con regularidad.
Los sacerdotes médicos griegos analizaban ya los sueños para diag­nosticar el estado humoral, o sor­prender en sus comienzos ciertos procesos morbosos.

A eso alude Aristóteles. De los diagnósticos por sueños habla en sus tratados de medicina Hipócrates y Galeno.

Hipócrates:
Que había nacido y vivido en Cos, aprendió gran parte de sus conocimiento de Medicina estudiando las descripciones de las enfermedades y de los remedios soñados, tal co­me se conservan en las inscripciones del templo de Esculapio que allí había.

Galeno:
El gran médico, nacido en Asia Me­nor en el 129 d.C. afirmaba que en algunas ocasiones, él mismo había soñado, no sólo con el diagnóstico, sino también con el modo de tratar ciertas enfermedades.

Sueño Salvador

¿Quién no recuerda que, precisamente, la capital griega se salvó de la peste gracias al sue­ño de una mujer?
Preocupada con la situación calamitosa de la ciudad, su inconsciente encontró el modo de aplicarle un remedio casero; y el descubrimien­to fue dramatizado, presentándolo como si se tratase de la aparición en sueños, de una escita, que aconsejaba a la mujer regar con vino todas las calles y casas de la ciudad.
Como había predicho el esita, los “demonios” de la peste, que infes­taban el aire fueron ahuyentados por el vino.

Es muy posible que las bacterias y micro­bios, que pululaban entre las inmundicias disemina­das por las calles y los rincones de las casas, fuesen exterminados por el alcohol…

 

Cigaraotuso

Cigaraotuso Autor Tutor

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