Disociación de la Personalidad

El tema de la disociación da la personali­dad, casi desconocido en la época de Allan Kardec, fue muy bien estudiado posteriormente. Se puede disculpar en parte a Allan Kardec y a los pioneros del espiritismo; pero no hay disculpa para el he­cho de que los espiritistas modernos todavía hagan caso omiso de las manifestaciones personificadas del inconsciente.

Ciertos sistemas inconscientes son suficientemente ricos para separarse de la personali­dad global de aquella persona y constituir “perso­nalidades” parciales, anexas. La “personalidad” (o “personalidades”) adventicia, secundus, se forma de preferencia con hechos y sensaciones descui­dadas por la personalidad oficial o primus.

Precisamente por eso las manifestaciones de las personalidades del inconsciente pueden pare­cer extrañas al consciente.
Pierre Janet, continuador de Charcot, marcó una época con sus estudios de la disociación de la personalidad en los histéricos. Con sus estu­dios de la histeria develó el inconsciente psicológico y el mundo del automatismo (como el de la psicografía, “juego de la copa”, etc.). Es de Janet el mérito de haber descubierto las disociaciones patológicas de la personalidad.

Demostró la identidad de las disociaciones histéricas o sonambúlicas y las personificaciones espiritistas, demoníacas, etc. Se trata de un mundo de ideas, sentimientos, imágenes, etc. y automatismos del inconsciente que se apoderan bruscamente, y por cierto tiempo, del campo debilitado de la conciencia del histérico, Sigmund Freud, además de las manifestaciones de los histéricos, ya estudiadas por Janet, analizó también muchas manifestaciones de la vida cotidiana, como lapsus, actos fallidas, ciertos tipos de olvidos por motivos inconscientes, los sueños, etc.

Freud comprendió que el inconsciente tiene una vida normal paralela a la de primus e interviene frecuentemente en la vida común. Pero claro está, cuando llega a constituir una persona­lidad independiente o “segunda”.

La división entre consciente e inconsciente (o partes del inconsciente) cubre todos los grados de la escala, desde el total desconocimiento mutuo, independencia y autonomía de cada uno, hasta la total convivencia y acción simultánea.

Testimonia y hasta puede intervenir

Así, por ejemplo, los llamados “sueños lúcidos”, que en los últimos años han interesado bastante a los parapsicólogos.
… Allan Kardec y los espiritistas afir­man que los sueños, incluso los más comunes, son “viajes del periespíritu”, y revelaciones de los espíritus de los muertos.

Tal afirmación es hoy un retroceso de más de veinte siglos, poniéndose al nivel de interpretaciones supersticiosas que consideraban a los sueños revelaciones de los dioses.

Hoy todos los especialistas e inclusive las personas de sentido común (no fanatizadas por la superstición) saben que los sueños proceden del inconsciente. Son “respuestas y reacciones que el “yo”‘ inconsciente da a los innumerables factores de la vida cotidiana. Esas “respuestas”‘ no se li­mitan a imágenes visuales y auditivas, con calores o sonidos más o menos acentuados.

En los sueños pueden también ocurrir sensaciones odoríficas, táctiles, gustativas. Pueden surgir también fenómenos parapsicológicos, receptivos como la telepatía, o activos como la telekinesia. Durante el sueño, la sensación de realidad es total, como si el soñante estuviese en estado consciente, despierto».  Algunos sueños son llamados “lúcidos”, porque hay “conciencia del inconsciente”, esto es, la persona que sueña está consciente de estar soñando. Y lo más interesante es que el soñante, al lle­gar a la conclusión de que está soñando, puede ad­quirir cierto control sobre el desarrollo del sueño.

El entrenamiento ayuda en este control (lo que no quiere decir que sea conveniente tal entrenamiento, puede aumentar la escisión de la personalidad).

Presente sin intervención

Por ejemplo en Julien, famoso psicógrafo francés, el “yo” oficial estaba plenamente consciente y presente en lo que escribía sobre diver­sas “cristalizaciones” o personificaciones del inconsciente. Julien comprendía que se trataba de diversas divisiones del propio yo:

Jamás tuve la impresión de perder el control de mi conciencia en el curso de las comuni­caciones telepáticas. Me esforzaba, al contrario, en permanecer siempre dueño de mis facul­tades y jamás perder el senti­do crítico. No obstante, todo el resto estaba plenamente des ligado de lo que yo sentía:- tenía la impresión de un vacío voluntariamente fomentado, de una tela mental sobre la cual las palabras se imprimían una a una sin que fuese posible adivinar el sentido de la fra­se en formación. En otras oportunidades, se trataba de ideas ya completas en el momento en que surgían, y sólo faltaba formarlas rápidamente. Y al mismo tiempo, para mí, era un asombro ilimitado com­probar que algo extraordinario estaba pasando, que un verdadero diálogo parecía establecerse entre el “yo” y otros “yoes”‘ (parte de la propia personali­dad global) enteramente autónomos, cuya presencia viva se im­ponía como si estuviese separa da”.

Testigo impotente

El segundo grado en la relación entre consciente e inconsciente. Presente, pero sin po­der actuar.
Escribe Karner:

“los ojos permanecen abiertos y la conciencia lúcida, pero el paciente es incapaz de re­sistir, incluso con toda la fuerza de su mente, la voz que habla en él; él se oye a sí mismo expresarse como si fue­se otra y extraña individuali­dad alojada en él, pero fuera de su control.”

Agrega Eschenmayer:
“La muchacha retiene la conciencia mientras la voz habla, pero no puede evitarlo, inclu­so tratando con toda su volun­tad; ella oía la voz resonar externamente como la de un in­dividuo extraño, alojada dentro de ella, sin que estuviese en condiciones de controlarlo o hacer cualquier otra cosa”.

… Los espiritistas, ignorando plenamen­te el inconsciente, clasifican estos casos como mediumnidad e incorporación consciente.
En realidad, es la manifestación de una de las partes “amotinadas” de una sola persona, y una personificación de un contenido inconsciente, como las “cristalizaciones” alrededor de diversos núcleos en un líquido saturado. Como insiste el profesor Gesterreich en su excelente libro de es­tudio de los llamados casos de posesión demoníaca, en todos los pueblos y épocas, “un análisis más exacto revela que los estados mentales, aparentemente pertenecientes a un segundo “yo” son realmen­te parte del individuo original”…
Contrapruebas, incluso muy simples, muestran que no se trata de la incorporación de espíritu ninguno. No son espíritus, es efecto de la inhalación, por ejemplo, de cloroformo o éter.

Algunas personas, aspirando la droga anestesiante cuando todavía no están “durmiendo”, pero tampoco plenamente despiertas, hablan, inclusive muy imprudentemente, sin poder evitarlo. Saben qua están hablando sin querer hablar.

El consciente todavía está presente, pero están “poseídos” por el propio inconsciente. Divi­sión de la personalidad causada por la droga.

 

Cigaraotuso

Cigaraotuso Autor Tutor

Bodega de Esencias-Director-Tutor-Escritor-Editor

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