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espiral

La Enfermedad

Es el conflicto entre el Alma y la Mente

«Ten presente que tú y yo y la enfermedad son tres factores mutuamente antagónicos. Si tú te pones de mi parte, sin descuidar lo que te impongo y

absteniéndote de esas cosas que te prohíba, entonces seremos dos contra uno y superaremos la enfermedad». – médico anónimo, circa 1200 DC –

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La Psicología apunta que el 86% de las enfermedades son del tipo psicosomáticas. Esto es, la psiquis representa su desequilibrio o como descarga de esto sobre el cuerpo. Claro está, que en este sentido, muchas de éstas no son más que funcionales. Como hemos visto la inhibición orgánica que pudiere haber no es una real enfermedad de éste, sino, la psiquis interfiriendo sobre el funcionamiento de él. Ahora bien, el doliente: ¿inventa los síntomas que dice tener? o ¿ realmente los padece?. La sintomatología es experimentada en un todo, crónica muchas veces y agudas otras. Pero en realidad -y una vez más- no hay enfermedad.

Llegado a este punto puede que lo funcional deje de serlo y realmente ahora, pase a ser de carácter orgánico, entonces sí, la afección de tal órgano tiene la consecuente observación clínica. Esta apreciación nos marca un proceso. El descontrol psíquico va a verterse a modo de descarga, sobre un área específica del cuerpo con sus manifiestas sintomatologías y si prevalece esto en forma crónica, entonces, se hace factible que dicha área termine por una enfermedad real.

Existen trabajos de investigación que demuestra que la forma en que pensamos y sentimos, influyen significativamente en el sistema inmunológico, en el ritmo cardiaco y presión arterial, en mejorar la recuperación de una enfermedad.

“La enfermedad es, en esencia, el resultado de un conflicto entre el Alma y la Mente, y no se erradicará más que con un esfuerzo espiritual y mental. Estos esfuerzos, si se llevan a cabo adecuadamente, con entendimiento. Pueden curar y evitar la enfermedad al eliminar esos factores básicos que son su causa primaria. Ningún esfuerzo dirigido únicamente al cuerpo puede hacer algo más que reparar superficialmente el daño, y no hay curación en ello, puesto que la causa sigue siendo operativa y en cualquier momento puede llegar a demostrar su presencia de otra forma…”

Enfermedades imaginarias

Es sumamente importante tener en cuenta que, de acuerdo con investigaciones serias, el 36% de las personas que procuran hospitales, clínicas o consultorios médicos, son portadores de “enfermedades” meramente imaginarias. No decimos psicógenas o funcionales, sino meramente imaginarias. De 422 que en los últimos tiempos se presentaron en busca de tratamiento en un centro de cancerología, solo ocho estaban afectadas de cáncer. Un gran porcentaje, no obstante, vivía angustiado y su depresión les hacía imaginar que eran víctimas de cáncer.

Evidentemente que el médico en caso de “enfermedades” meramente imaginarias no encuentra causas ni síntomas físico ni psíquicos capaces de proporcionar un cuadro de enfermedad. La enfermedad simplemente no existe: es imaginada por el paciente. ¿Qué hacer en un caso de éstos?. El médico dirá: “Honradamente, usted no tiene nada” o “es su imaginación la que le hace sentirse enfermo”. Pero el paciente sufre y para él es inadmisible el que no exista enfermedad alguna. El paciente no conoce el poder de convencimiento de la imaginación.

En el inconsciente del paciente se hallan todos los recursos necesarios para ser feliz.

Generalmente las enfermedades psicosomáticas son la expresión corporal de algo que no pudo ser expresado con palabras y que poder develar esa historia y poder hablarlo, hará que esos síntomas caigan, desaparezcan.

Existe una memoria emocional a la que solo se alcanza con hipnosis. Que utilizando las técnicas de regresión hipnótica es posible alcanzar nuevamente los registros del trauma original y que con la incorporación de recursos afectivos y terapéuticos en ese lugar alcanzado, es posible reparar el daño, criterio nuevo que implica minimizar los daños posteriores, aceptar el pasado, pero impedirle que continúe corroyendo en las sombras las posibilidades que brinda la vida.

El niño sigue vivo dentro del adulto como un personaje independiente y que es posible alcanzarlo, dialogar con él y brindarle la protección que necesita y que usualmente busca afuera, convirtiendo así al paciente en vulnerable y manipulable.

Finalmente, creemos que los niños toman resoluciones desde el vientre materno y a lo largo de su crecimiento. Que esas resoluciones siguen vigentes como programas de una computadora, de un ordenador y que allí se quedan, fuera de la mente consciente, decidiendo el destino de la persona. Que con las regresiones a la niñez, es posible encontrar esas decisiones, identificar cuándo, porqué y para qué fueron adoptadas. Y que entonces, desde una mirada adulta y actual se las puede re-decidir, cambiándolas o anulándolas.

  • Se llama somatizar al resultado de transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera involuntaria.

Los miedos y los resentimientos se pueden somatizar en otras partes del cuerpo a modo de un dolor, picazón o hinchazón. Si es castigado injustamente con frecuencia, puede somatizar el miedo o el resentimiento a manera de mareos o pérdida momentánea del conocimiento, para convertirse en víctima y tratar de evitar así los castigos. Si sus padres se insultan y amenazan con la separación, puede enfermar o aislarse para llamar la atención y mantenerlos unidos. El odio puede somatizarse y causar artritis, cáncer y problemas del colon. Abusos sexuales pueden generar quistes en los ovarios. También hemos visto casos de ataques de epilepsia causados por desarmonización psíquica debida a resentimientos, traumas sexuales y sentimientos de culpa, más que por desórdenes fisiológicos.

Los mandatos familiares negativos que acarreamos desde la infancia, desde nuestro pasado, son más difíciles de trabajar y superar justamente por eso, porque están asociados a emociones”.

Los daños que vamos recibiendo desde el momento de ser concebidos -daños emocionales que nos llegan de la madre, aun cuando sea otro el causante- se integran en nuestro mundo subjetivo de ritmos bajos. E integramos también las respuestas reflejas de defensa que creamos ante ellos.

Los daños que recibimos pueden ser múltiples: rechazo continuado de la madre al saberse embarazada, tristeza, agobio, miedo, etc. también continuados de la madre por razones que pueden ser ajenas al embarazo, disputas matrimoniales, un parto patológico o simplemente daños por anestesia, por pérdida prematura de agua amniótica, por inmovilizaciones del feto en el conducto de nacimiento, sentimiento de soledad del bebé en la cuna, etc. Y estos son los daños que al llegar a los siete a doce años lo olvidamos, lo que no significa que dejen de existir. Porque esos daños, desde su infierno de oscuridad viva, forman el guión que luego, ya adultos, seguimos interpretando y esa oscuridad viva, esa biografía ahora oculta que contiene nuestra topografía de daños -que son la raíz de nuestras enfermedades- es la que en un momento dado puede estallar somatizando. Y a esa somatización, es a lo que se le llama enfermedad.

*La histeria

Siguiendo nuestro caminar, tras haber hablado de las enfermedades meramente imaginarias debemos referirnos a las enfermedades histéricas.

Podemos definir la enfermedad histérica como: “enfermedad por representación” o “representación de una enfermedad”. Se imagina enfermo y hace escenificaciones con su cuerpo.

Tal enfermedad se caracteriza porque aparece o desaparece de acuerdo con los deseos conscientes o inconscientes del paciente.

La enfermedad histérica surge porque el paciente se cree enfermo y, en consecuencia, se siente enfermo. Nada de lo que hace, en el fondo, está lejos de una simulación, que se lleva a cabo con gran dominio de sí mismo, cualidad que, en otros aspectos, falta generalmente en los que manifiestan alguna enfermedad histérica. Diríamos que toda voluntad está concentrada en fingir el mal, no quedando para otra cosa.

No obstante, el histérico es sincero y sufre realmente. Sus ansias, por ejemplo de despertar admiración y compasión o de autorrealizarse, o cualquier otro motivo psicológico (es un error muy difundido, más ciertamente simplista y falso, reducir el motivo de la histeria al deseo de protección) lo empuja, más o menos conscientemente, más o menos irresponsablemente, a imitar la enfermedad o el trance espirita o la posesión diabólica, o estigmas, o éxtasis, o actitudes imaginadas (pues la histeria no se refiere únicamente a enfermedades).

Son posibles todas las graduaciones, desde la simulación plenamente consciente hasta la más inconsciente. El histérico es esencialmente, al menos en relación a su “especialidad” histérica un autohipnotizable. Entre las personas con la misma” especialidad”, el “contagio psíquico” es prácticamente inevitable.

La enfermedad o síntomas que imaginan, se realizan. Esta participación orgánica o funcional como parte integrante del pensamiento consciente o inconsciente se llama ideoplasmía, esto es, la idea plasmada en el organismo.

Las enfermedades histéricas están de acuerdo, muchas veces, con la sintomatología de la enfermedad real que se pretende imitar, como también pueden ser de sintomatología completamente diferente, o presentar “síntomas” de una enfermedad realmente existente. En este caso los síntomas serán los que la imaginación popular les tenga atribuido. Por el mismo motivo, las enfermedades o sintomatologías histéricas dependen de la moda.

Según la Medicina Tradicional China, si una de las emociones persiste durante mucho tiempo, el resultado será la enfermedad.

Las 7 reglas de Paracelso para la vida sana

1.- Lo primero es mejorar la salud

Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana.

Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un tratamiento.

Bañarte diariamente, es un habito que debes a tu propia dignidad.

2.- Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.

Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones.

La observancia de esta regla es de importancia decisiva: se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma.

Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos.

El azar no existe.

3.- Haz todo el bien posible.

Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona.

Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.

4.- Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo.

Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio.

Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

5.- Debes recogerte todos los días.

En donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada.

Esto fortifica enérgicamente el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con las buenas influencias.

En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos a veces luminosas ideas, susceptibles de cambiar toda una existencia.

Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiara en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia.

Ese es el daimon de que habla Sócrates.

6.- Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales.

Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado.

Es regla de suma importancia.

7.- Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana.

Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien.

Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños.

Si elevas tu espíritu no habrá mal que pueda tocarte.

El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo.

El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre.

Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, veras que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden.

Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan.

Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha; puede ser uno de los factores que a ella conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos; allí donde nunca impera el egoísmo.

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