Rudimentos de la Psicología

Charles Richet habrá de recordar delicadamente a los líderes del espiri­tismo que tal pretensión es desconocer inclusive el abc de la psicología, no sólo de la parapsicología:

“En muchos médium la concien­cia queda intacta. Continúan hablando, discutiendo con las personas presentes, mientras el inconsciente elabora otras con­versaciones, otros actos que se traducen, por la paleografía por la mesita. A veces esta disociación entre la personalidad consciente, normal, y las nuevas personificaciones que afloran es todavía más compli­cada. Porque en ciertos casos, con la mano derecha el médium escribe unas frases, otras completamente diferentes con la mano izquierda. Pero esta diso­ciación de la personalidad (no tiene nada de metapsíquica o parapsicológica), Es todavía de la psicología clásica, hecho banal frecuentemente constata­do”.

El “argumento” espiritista hoy es de un simplismo y de una ignorancia asombrosos. ¿Quiere decir que cualquier acción inconsciente, de la cual la persona “no tiene la menor concien­cia”, es “sin la menor duda”, acción de los espí­ritus de los muertos?.

“Lo que prueba demasiado no prueba nada” es el abc de la lógica. Si el argumento espiri­tista tuviese algún valor, incluso mínimo, sería necesario aceptar que todos los automatismos son realizados por los espíritus de los muertos»

Caminamos, corremos durmiendo profunda­mente, giramos en la cama sin destaparnos, etc. Son innumerables músculos actuando sincrónicamen­te.

Si pretendiésemos conscientemente mover’ cada uno de esos músculos al correr, por ejemplo, inmediatamente caeríamos.

Respiramos: pocas personas saben con exactitud cuáles músculos externos e internos de­berían mover.
¿Quién es capaz de mover conscientemen­te cada músculo de la lengua, de los labios, del pescuezo, de los pulmones, del pecho… que inter­vienen en el habla?

Y muchísimos músculos no son gobernables por el consciente.

Hasta el más ignorante sabe que ningún espíritu de muerte tiene nada que ver con esos mo­vimientos automáticos. Sólo la ignorancia de los primeros maestros espiritistas y el fanatismo de los modernos pueden aferrarse al “irrefutable ar­gumento” de que tiene que ser alguien del más allá porque “el médium no tiene conciencia..»

Estos automatismos habituales ya sugie­ren cierta “división de la personalidad”, simulta­neidad de dos o muchas ideas, acciones, etc., unas conscientes, otras inconscientes.

Con referencia a los movimientos de la mesa giratoria, con contacto o sin contacto (y “juego de la copa”, psicografía, etc.), decía con ironía Myers:

“Los espiritistas atribuyen los movimientos y respuestas a la acción de inteligencias desencarnadas. Pero si una mesa produce movimientos sin que una persona la toque, no hay razón para atribuir esos movi­mientos a la intervención de mi difunto abuelo, más que a mi propia intervención, porque si no se ve el modo como yo mismo podría moverla, tampoco se ve el modo como podría ha­berlo hecho mi difunto abuelo”.

Esto es, que los espiritistas no sepan explicar, o finjan no saber, no prueba que de hecho sea del más allá, sólo prueba, o probaría, ig­norancia. Hoy es absolutamente inadmisible el falso presupuesto del “argumento” espiritista ¡sólo habría conciencia, no habría inconsciente!
Que los médium no tengan conciencia de lo que escriben, hablan, hacen… sólo prueba que todo esto es inconsciente. Nada más.

 

Cigaraotuso

 

Cigaraotuso Autor Tutor

Bodega de Esencias-Director-Tutor-Escritor-Editor

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